Pedro Luis López Herraiz, Abajo los partidos. Moisei Ostrogorski en la construcción de la ciencia política y el derecho constitucional, Leioa, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, 2023, 364 pp.
Héctor Domínguez Benito
Una generalización muy extendida en la historia intelectual del siglo XX ha sido la atribución de una "nacionalidad" a la teoría de las élites surgida al calor de -y, en gran medida, contra-el advenimiento de la política de masas a finales de la centuria anterior.En el año 1969, el jurista español Pablo Lucas Verdú sentenciaba lo siguiente: "[e]l tema de la clase política es típicamente italiano, al poseer elevadas dosis de realismo político" 1 .Semejante razonamiento se apuntalaba con referencias a las connotaciones "clásicas y renacentistas" de la cuestión y, como no podía ser de otra manera, a la figura de Nicolás Maquiavelo.En un bello pasaje escrito ese mismo año, Norberto Bobbio ubicaba el resurgir del interés por la teoría de las élites en Italia como parte de un proceso de "circulación del pensamiento": a finales del siglo XIX la filosofía moderna regresó a Italia, donde había nacido, después de "pasar largas estancias en las principales naciones europeas".De la misma manera, afirmaba Bobbio, la teoría de las élites, "nacida o al menos acreditada por primera vez en Italia" en tiempos de Gaetano Mosca y Vilfredo Pareto, había viajado por ambientes anglosajones durante el segundo tercio del siglo XX para "establecerse sólidamente" y volver con fuerza de la mano de los escritos sociológicos de autores como Charles Wright Mills y Ralf Dahrendorf 2 .El audaz planteamiento de Bobbio no carecía de sentido: en el país norteamericano se había generado un caldo de cultivo muy interesante con la publicación de trabajos como The Machiavellians, obra de James Burnham publicada en 1943.Sin llegar a "nacionalizar" el debate explícitamente, el controvertido teórico estadounidense desgranó los principales rasgos comunes que podían extraerse del pensamiento de los ya mentados Mosca y Pareto, 1